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domingo, 6 de abril de 2008

Los chicos de la calle los mas desprotegidos

La cantidad de menores que deambulan por la ciudad es cada vez mayor; se calcula que alrededor de 1.500.000 menores trabajan en la Argentina
La presencia de chicos que viven en las calles parece causar indiferencia en varios sectores de la sociedad, donde la situación pasó a formar parte del aspecto cotidiano de la ciudad. La mendicidad, el cirujeo y la venta ambulante son algunas de las actividades diarias que muchos menores practican, solos, juntos con sus pares o acompañados por algún adulto. En la Argentina, a pesar de que no hay cifras exactas, se calcula que alrededor de 1.500.000 chicos trabajan todos los días, según la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, del Ministerio de Trabajo. Empujados por la necesidad de sobrevivir, la cantidad de menores que mendigan por las calles aumentó considerablemente, en particular en algunas zonas, como las estaciones de trenes, subtes, el microcentro porteño y lugares de mayor actividad comercial. En 2003, el Programa de Fortalecimiento del Circuito de Protección Integral contra toda forma de Explotación de Niños y Niñas Menores de 15 años identificó a más de 1200 chicos deambulando por la Ciudad de Buenos Aires, en las zonas de Retiro, Nueva Pompeya, Nuñez, Belgrano, Chacarita y Villa Urquiza. Asistencia Según Unicef, en su publicación Chicas y chicos en problemas, "el trabajo infantil roba al niño un tiempo irremplazable para la educación sistemática en la escuela. Y está ampliamente confirmado que la falta de una educación básica imposibilita el acceso incluso a los puestos más bajos del mercado laboral". Para disminuir el trabajo infantil en las calles de la Ciudad de Buenos Aires y garantizar la protección de los derechos de los ciudadanos más pequeños, se pusieron en marcha programas de asistencia. Por medio de operadores que brindan atención a los chicos, un centro de día que asiste diariamente a sesenta jóvenes, hogares transitorios, atención judicial y una línea telefónica para realizar consultas y denuncias vinculadas a la problemática de la infancia, se trata de brindar toda la ayuda necesaria a los más desprotegidos.Por otra parte, un consultorio móvil recorre las calles de la Ciudad brindando asistencia médica a los chicos de la calle. El vehículo, que recorre las zonas donde se encuentran la mayor cantidad de menores en riesgo, está equipado como un consultorio médico y cuenta con pediatras, personal de enfermería y operadores sociales, que atienden a unos quince pacientes por día. Pero este problema social no es sólo una cuestión del ámbito de la Capital Federal, ya que 90% de los chicos que mendigan en la Ciudad provienen de la provincia de Buenos Aires. Por lo tanto, el gobierno bonaerense también implementó acciones relacionados con el tema, como por ejemplo, un servicio telefónico de prevención y orientación, asistencia en las calles, centros de día y hogares convivenciales.
"Por chicos con menos calle" Según datos del proyecto regional "Por chicos con menos calle", diseñado por las áreas de Minoridad de los municipios de Tres de Febrero, La Matanza, Morón y Moreno, junto con la Subsecretaría de Minoridad de la provincia de Buenos Aires, la edad de los menores en la vía pública oscila entre los 4 y 17 años, observándose la presencia de grupos de hermanos o jóvenes madres con sus bebes. Muchos provienen de zonas marginadas del conurbano y duermen en las estaciones ferroviarias en "condiciones deplorables". Es en especial preocupante la situación en los distritos por los que atraviesa la línea ferroviaria del oeste de T.B.A. (ex Sarmiento) que une la plaza Miserere, en el barrio porteño de Once, con la localidad bonaerense de Moreno en su tramo urbano, para continuar por línea no electrificada hasta Mercedes.


El paco y los chicos de la calle trascienden las fronteras
Un prestigioso diario norteamericano publicó en su edición de ayer un informe sobre una de las realidades más crudas que se palpan todos los días en la Ciudad de Buenos Aires. Un drama que ya conoce el mundo
Un extenso artículo en The Miami Herald aborda en su edición de ayer el grave momento que atraviesan miles de chicos en la Ciudad de Buenos Aires como consecuencia del consumo del "paco" y cómo la Capital está repleta de chicos de la calle.Enumerando varios casos que ilustran los desastres que produce la ingesta de esta droga en los jóvenes desde muy temprana edad, la periodista Alejandra Lablanca -autora del artículo- se sorprende por una realidad que crece día a día en Buenos Aires.Se estima que hay tres mil chicos de la calle, y al menos 700 duermen en la calle a la noche, expuestos a la violencia, el hambre, la enfermedad y las drogas, dice el Herald. En el durísimo artículo, los bebés "prestados" son una realidad: son aquellos que no pueden quedarse con nadie y cuyos padres tienen que recurrir a un pariente para que lo cuide, pero lamentablemente este pariente también vive en la calle.La última década, afirma el artículo, fue más determinante en el empobrecimiento de esta enorme y vital ciudad que arrojó a miles de familias a los extremos. En las cifras oficiales, de esos 3.000 chicos que viven en la calle 40% ya sufrió abusos de algún tipo. La extensa nota que figura en la versión de habla inglesa de uno de los diarios más prestigiosos de los Estados Unidos describe la manera en que están articuladas estas familias que dependen del paco para vivir y de lo que mendiguen en conjunto en las calles.El Miami Herald publica que más del 90% de chicos de la calle consume paco y otras drogas ilegales en nuestra Ciudad. Este es el más tóxico desecho del refinamiento de cocaína, conocido en otros países como "basuco". Su consumo relaja a los niños, que vagan sin sentir el paso del tiempo. Una penosa realidad que ya trascendió las fronteras de nuestro país.


Una de las más penosas realidades sociales que afectan a nuestro país es la de los chicos de la calle. Muchos hablan de ella y muchos más se escandalizan por su subsistencia; sin embargo, y a pesar de las últimas novedades parlamentarias -la aprobación del proyecto de ley de protección integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes, el miércoles último-, siguen siendo escasas las acciones encaradas desde el Estado y desde el seno mismo de la sociedad, animadas por la positiva intención de encontrar remedios eficientes y soluciones viables. Avergüenza enterarse de que sólo en la ciudad de Buenos Aires hay alrededor de 4000 criaturas de ambos sexos, la mayor parte procedentes del conurbano, incluibles en la denominada "situación de calle", frío tecnicismo que apenas disimula una inadmisible calidad de vida. Y que ese problema también se ha extendido a casi todas las principales ciudades del interior. Existen varias modalidades de la genérica "situación de calle". Hay chicos que desconocen cualquier otra forma de vida y sobreviven a duras penas cobijándose como pueden en las estaciones del subte, en las terminales y playas de carga ferroviarias y en los zaguanes, si los dejan. Para ellos -abrepuertas de autos en constante pugna con la competencia, suplicantes limpiadores de parabrisas, malabaristas a los apurones o lisos y llanos pedigüeños-, la calle se ha convertido en improvisado lugar de trabajo y no menos precarios dormitorio y comedor (cuando consiguen alimentos). Otros chicos callejean durante el día y vuelven a sus casas por la noche, y hay quienes lo hacen sólo dos o tres días por semana. Al margen, los chicos cartoneros acompañan -o no- a sus padres y pasan toda la jornada recolectando desperdicios. También están los que se inician en esta vida compartiendo la calle con la concurrencia a la escuela y el regreso a su hogar, para luego dejar poco a poco familia y colegio y terminar en plena "situación de calle". Se encuentran expuestos a la explotación laboral y corren peligro de ser sometidos sexualmente mediante distintas formas de prostitución infantil, forzados a la mendicidad, sumergidos culturalmente y condenados a permanecer en el fondo de la sociedad por falta de educación. Sufren maltrato y abusos y se van deformando en el temor a la autoridad, en la cuasi ilegalidad y en la seguridad de que, hagan lo que hicieran, no podrán cambiar su penosa situación. De allí al alcohol y a las drogas hay muy corto trecho. Finalmente, suelen caer en las redes de venta de narcóticos, que los utilizan como distribuidores, ya que por su edad no pueden ser condenados. Un laberinto sin salida del cual sólo pueden ser salvados por la familia y por la escuela, instituciones en crisis merced a la acción interesada de quienes pretenden destruir a la primera y se olvidan de la existencia de la segunda. El desempleo y la pobreza ahondan el problema. Uno y otra son responsables de la existencia de esos niños que suelen rendirse ante la oferta de tan sólo unas pocas monedas. De tan reiteradas, esas hirientes escenas han terminado por anestesiar al grueso del cuerpo social, que ha perdido su capacidad de asombro u opta por los discursos esquizofrénicos sobre la Convención de los Derechos del Niño, la ley de la minoridad, las políticas sociales, el día del "juego del niño", que acaba de ser instituido y realizado, y otras maravillas declamatorias en franca contradicción con la cruda realidad y la falta de políticas operativas mínimas. Si las estadísticas que se manejan son más o menos exactas, 4000 chicos en esas condiciones en apenas el ámbito metropolitano constituyen un gravísimo problema, pero su solución no es imposible. Nuestros políticos y nosotros mismos, como integrantes de la sociedad, hemos olvidado al niño. Hablamos de sus derechos, mientras nos resulta imposible practicar el consejo de Ortega y Gasset: "¡Argentinos, a las cosas!". Familia, escuela y deporte son tres pilares esenciales para rescatar definitivamente de las calles a la niñez desamparada. Nada se resuelve confinando al niño en un instituto en el que ingresa por una contravención menor para salir en condiciones de incurrir en delitos mayores. La solución no pasa, pues, por un castigo más o menos velado, sino por la vida en el seno de la familia, la concurrencia a la escuela y la actividad deportiva, bajo la tutela de organismos responsables y capacitados. Si no somos capaces de encarar y desarrollar esas políticas dictadas por el sentido común y la experiencia, malgastaremos nuestro presente y estaremos destruyendo nuestro futuro y el del país.

2 comentarios:

Dilaca dijo...

Hola, Micaela:
Interesantísimo el artículo que has subido.
¡Cuál es la fuenteSi lo has obtenido de Internet, vas a referenciarlo como te lo indico en la tarea 3 en mi blog.

Dilaca dijo...

En cuanto al logro de la asignatura: abrir un blog...¡CUMPLIDO!